lunes, 30 de julio de 2012

Número treinta

Hace algún tiempo ya que me he dado cuenta que un sentimiento que ha estado muy presente en mi vida ha sido el miedo. Y últimamente me he llegado incluso a sentir sobrepasado, cosa que jamás me había pasado antes.

Miedo al futuro.
Miedo de mí.
Miedo de nosotros.
Miedo de llegar a hacer daño.
Miedo a lo que no me es común.
Miedo a las dificultades.
Miedo a perder el control.
Miedo a tener miedo.

Mi nuevo desafío es perder el miedo. Perder el miedo a equivocarme.

Está decidido.




martes, 24 de julio de 2012

Número veintinueve

Anteayer lo único que se me cruzó por la mente fue la coincidencia de haber estado pensando en la eventualidad de despedirnos y que horas después estuviéramos hablando un tema que me hizo pensar que estaba más cerca de lo que creí.

Ahora mi sentir más grande, aparte de la inseguridad, es buscar la manera de no tenerlo presente. Es difícil comprender que existe la posibilidad de que no funcione, pero lo es más cuando alguien te está diciendo que efectivamente será así. Se me rompe un poquito el corazón en pensar que cualquier cosa o esfuerzo que haga, o que cualquier cosa que creemos está 'destinado' a morir, a terminar, a dejar de ser.

Lo extraño es que siento que lo que me rompe un poquito el corazón no es una persona en particular, sino el futuro.
Como que se me rompiera el corazón antes de tiempo.
Como que me hubieran arrebatado tiempo.
Como que fuera ahora todo un recuerdo de un pasado que me invade de nostalgia.
Como que ya fueras un recuerdo.

Casi escribo "como si ya no fueras mío", y me acordé de un poema de Khalil Gibrán que alguna vez leí en la pieza de mis padres, que decía


Tus hijos no son tus hijos 
son hijos e hijas de la vida 
deseosa de si misma. 
No vienen de ti, sino a través de ti 
y aunque estén contigo 
no te pertenecen.


No eres mío ni tampoco soy tuyo, y aunque estés conmigo y yo contigo, no me perteneces ni yo te pertenezco. Y entender que en nuestra libertad queremos compartirnos, es eso lo importante, por más difícil que me sea verlo en este momento. Y tengo dos caminos: llorar antes de tiempo por algo que no sé, o concentrarme en lo importante, atenerme a lo que me había propuesto días antes y quedarme tranquilo.


Lo que tenga que ser será, y que por más seguridad que se tenga con respecto a algo, nunca se puede saber. 


Ay, el amor. Acompañado por Carla Bruni.




domingo, 22 de julio de 2012

Número veintiocho


Siento que tengo que darle este ‘gustito’ a mi cabeza. No sé exactamente si me hará bien, pero cierta parte de mi interior me dijo que si lo hacía finalmente estaría en paz.

Semanas atrás me imaginaba que esto se terminaba y eso destruyó un poco mi estructura mental, y de paso arrasó bastante con las ilusiones que –irracionalmente, por supuesto- mantenía en mi cabeza. Debo confesar que a pesar de esto no han desaparecido por completo, aunque se me forma un no-sé-qué cuando las dejo volar y que antes no necesariamente pasaba.

Me pregunto a veces, ¿qué pasaría si terminamos?

Partiendo del hecho de que me es difícil imaginarme sintiendo estas cosas por otra persona que no seas tú, podría decir que mi mente tiene una cierta aversión siquiera a planteárselo. Natural, tal vez.

¿Qué me gustaría decirte si es que terminamos?

Querría decirte muchas cosas, tal vez más de las que puedo plantear en esto que estoy escribiendo. Me encantaría poder decirte que ha sido una experiencia única, importantísima, esencial, fundamental para mí. Sentir y dejarme sentir todas estas cosas es algo que sobrepasó toda expectativa que tenía, hasta la más mínima. Sentir que quieres a alguien más de lo que podías imaginar y que ese sentimiento es recíproco y retribuido en un círculo virtuoso de sentires es algo que estaba absolutamente fuera de cualquier fantasía que hubiera tenido antes.
Me gustaría decirte que te quiero, mucho, caleta, más que la cresta, más que la perra, más que a nadie, que te quiero, te sigo queriendo y te seguiré queriendo, que te amo. Me encantaría confesarte que imaginarnos haciendo un proyecto y un futuro juntos es algo tan bonito, tan puro, tan fuera de lo común, que sería extrañamente perfecto. Me gustaría decirte que desde mi más profundo interior hasta mi más superficial pensamiento deseo que encuentres la felicidad, porque la mereces, sea con quien sea. Quién sabe –y aquí libero mi fantasía nuevamente- tal vez esto es solo un paso más y el futuro o el destino o un extraño plan divino hará que nuestros caminos se junten nuevamente y tal vez definitivamente, pero eso no lo sabemos ni tú ni yo .Y si pasara realmente, créeme que estaría feliz de encaminarme nuevamente contigo.
Si todo esto terminara, me encantaría despedirme con un beso. Uno de esos lentos y sentidos que son mis preferidos. Uno de esos que me hacen sentir que nos mezclamos y que no soy capaz de distinguir bien qué siento yo y qué sientes tú porque se torna un flujo de sentires e imaginares que no es tuyo ni mío, sino nuestro. Uno de esos en que esa conexión única es casi palpable. Y decirte después, mirándote a los ojos, que te veo, que te siento, que te quiero, que te amo, que –por cursi que suene- te robaste un pedacito mío y que a cambio me dejaste uno tuyo, y que por eso siempre tendrás un lugar especial y especialmente importante en mí. Y tomarnos las manos, hacernos cariño, besarte las manos como me encanta hacerlo, besarte las mejillas y darnos un beso de esos estáticos que tanto me gustan también.


Me es casi imposible en este momento imaginarme no sintiendo estas cosas por ti y mucho más imposible imaginarme sintiendo estas cosas por otra persona, pero supongo que es algo que es posible que suceda. Pero desde mi yo del 22/julio/2012 que te quiere y que te ama, te digo que si esto terminara por la razón que fuere, me gustaría que terminara así.

Como muchas veces, pensaba esto bajo la ducha. Y me llevaba a reflexionar que toda esa majadería de que la vida es para sentirla, para vivirla y vivir cada momento, tiene bastante razón. Y si llegara a pasar, me encantaría poder mirar hacia atrás y no arrepentirme de nada, y que el sentimiento predominante fuera la felicidad.

Es por eso que, dándole este gusto a mi mente, me doy el gusto ahora de querer disfrutar, disfrutarte y disfrutarnos tanto como me sea posible. Este es mi mayor proyecto interior para los próximos días, sean cuantos sean.

sábado, 26 de mayo de 2012

Número veintisiete

Cinco sonidos hicieron caer por su cara dos lentas lágrimas mientras se miraban en medio de la penumbra de un día lluvioso del quinto mes del año.

Piazzolla sigue sonando.
Pero no es Libertango.

martes, 22 de mayo de 2012

Número veintiséis

La espera a veces tiene su recompensa. Y, a pesar de ideas estúpidas que corren de repente por mi cabeza, me recordaste que la palabra de hoy es ganar.

martes, 8 de mayo de 2012

Número veinticinco

Revisando antiguos mensajes (cosa que espero que no se haga hobby), extraño tu antiguo expresar rebosante de cariño, esos textos que hacían que mi pecho se hinchara y se llenara de algo tan bonito y que jamás había sentido antes. He pasado por todos los estados de ánimo posibles: alegría, pena, frustración, desesperanza, desasosiego, angustia. Pero después de desahogarme y de pensar (un poco más) fríamente, termino empatizando como realmente debería y me encuentro con que ahora tengo (más) esperanza (que nunca) de que es sólo un momento crítico, que debo tener paciencia, darte tu espacio. Y no solo eso, sino también ser capaz de sacarte de tu estado (ahora) basal, llenarte de cariño y hacerte olvidar un rato todo lo demás.

Reafirmo lo que te dije en algún momento: te quiero, te amo y quiero lo mejor para ti. Quiero estar contigo, en las buenas y en las malas.

sábado, 7 de abril de 2012

Número veinticuatro

Quien me quiera amar
Amará también lo peor de mí con ardor

Ahora es cuando si bien mi mente está casi en calma, mi cuerpo anda alegando que estoy secretamente nervioso.

Varias preguntas sueltas han surgido durante estos días, aunque algunas parecen tener respuestas.

Me pregunto cuánto durará.
Me pregunto cuán difícil será todo esto
Y si seré capaz de hacerle frente
Me pregunto si alguna vez querrás huir
Y si lo harás
Me pregunto si alguna vez te aburriré
Y si podré hacer algo al respecto

Y al mismo tiempo, mi mente fantasea con la pregunta de si eres el amor de mi vida (que antes de tener algo contigo ya rondaba en mi cabeza haciendo estragos), y si llegaremos a tener esa casa perdida de la que te hablé. Esa que no tendrá pescados colgados en la muralla, que tendrá una cocina a leña, que tendrá un río cerca o que por lo menos habrá agua circulando por ahí.
Esa que tendrá frambuesas para que en el verano las cosechemos.

Y (no tan) secretamente pienso a veces, cuando estoy en la duda, que si lo fueras sería una bonita experiencia, la más bonita. Y a veces siento que sí, que lo eres, que eres esa persona con la que estaré toda mi vida, esa persona que será la primera que veré en las mañanas y la última que veré en la noche. Siento que si se terminara o si pasara algo que hiciera que no estuviéramos juntos, no lograría sentir lo mismo por otra persona. Me sentiría incapaz de sentir en lo absoluto. Y si bien de repente supongo que esto último es especial, también creo que es lo que la mayoría de la gente siente cuando está enamorada y que no por eso no termina o no vuelven a sentir. Entonces mi mente queda en un limbo, en un vaivén entre la seguridad de lo que tenemos, de lo que sentimos, y la inseguridad de la ceguera  propia de los sentimientos, de lo que depara el futuro.

Supongo que no se sabrá hasta mucho más adelante. Nada que hacerle.