martes, 22 de mayo de 2012

Número veintiséis

La espera a veces tiene su recompensa. Y, a pesar de ideas estúpidas que corren de repente por mi cabeza, me recordaste que la palabra de hoy es ganar.

martes, 8 de mayo de 2012

Número veinticinco

Revisando antiguos mensajes (cosa que espero que no se haga hobby), extraño tu antiguo expresar rebosante de cariño, esos textos que hacían que mi pecho se hinchara y se llenara de algo tan bonito y que jamás había sentido antes. He pasado por todos los estados de ánimo posibles: alegría, pena, frustración, desesperanza, desasosiego, angustia. Pero después de desahogarme y de pensar (un poco más) fríamente, termino empatizando como realmente debería y me encuentro con que ahora tengo (más) esperanza (que nunca) de que es sólo un momento crítico, que debo tener paciencia, darte tu espacio. Y no solo eso, sino también ser capaz de sacarte de tu estado (ahora) basal, llenarte de cariño y hacerte olvidar un rato todo lo demás.

Reafirmo lo que te dije en algún momento: te quiero, te amo y quiero lo mejor para ti. Quiero estar contigo, en las buenas y en las malas.

sábado, 7 de abril de 2012

Número veinticuatro

Quien me quiera amar
Amará también lo peor de mí con ardor

Ahora es cuando si bien mi mente está casi en calma, mi cuerpo anda alegando que estoy secretamente nervioso.

Varias preguntas sueltas han surgido durante estos días, aunque algunas parecen tener respuestas.

Me pregunto cuánto durará.
Me pregunto cuán difícil será todo esto
Y si seré capaz de hacerle frente
Me pregunto si alguna vez querrás huir
Y si lo harás
Me pregunto si alguna vez te aburriré
Y si podré hacer algo al respecto

Y al mismo tiempo, mi mente fantasea con la pregunta de si eres el amor de mi vida (que antes de tener algo contigo ya rondaba en mi cabeza haciendo estragos), y si llegaremos a tener esa casa perdida de la que te hablé. Esa que no tendrá pescados colgados en la muralla, que tendrá una cocina a leña, que tendrá un río cerca o que por lo menos habrá agua circulando por ahí.
Esa que tendrá frambuesas para que en el verano las cosechemos.

Y (no tan) secretamente pienso a veces, cuando estoy en la duda, que si lo fueras sería una bonita experiencia, la más bonita. Y a veces siento que sí, que lo eres, que eres esa persona con la que estaré toda mi vida, esa persona que será la primera que veré en las mañanas y la última que veré en la noche. Siento que si se terminara o si pasara algo que hiciera que no estuviéramos juntos, no lograría sentir lo mismo por otra persona. Me sentiría incapaz de sentir en lo absoluto. Y si bien de repente supongo que esto último es especial, también creo que es lo que la mayoría de la gente siente cuando está enamorada y que no por eso no termina o no vuelven a sentir. Entonces mi mente queda en un limbo, en un vaivén entre la seguridad de lo que tenemos, de lo que sentimos, y la inseguridad de la ceguera  propia de los sentimientos, de lo que depara el futuro.

Supongo que no se sabrá hasta mucho más adelante. Nada que hacerle.

domingo, 5 de febrero de 2012

Número veintitrés

Las cosas parecen estar en orden. Mente, alma, sentimientos en calma, aun cuando el miedo aparezca de repente.

El mundo a volar, yo a vivir.

miércoles, 18 de enero de 2012

Número veintidós

Déjame sentir eso jamás sentido y vivir eso jamás vivido.
Déjame querer decir, querer correr y no parar más.
Déjame gritar mi alegría, reír mi alegría y llorarla también.
Déjame quererte, quererlo todo, querer nada a la vez.
Déjame decirte una, y mil veces más, que por tí todo.
Déjame agradecer, soñar despierto, resplandecer.
Déjame vivir, que recién ahora comienzo a entender.

Déjame aprender, que la vida me está enseñando y aún no logro creer
que era posible sentir tanto, querer tanto
y extrañarte también.

Déjame decirte una, y mil veces
que yo contigo y tú conmigo
Así debía ser.
 
Así debía ser...

sábado, 7 de enero de 2012

Número veintiuno

De repente siento miedo. Y lo metaforizo imaginándome que estamos caminando públicamente de la mano. El miedo me invade, pero estando en esa situación no hay nada más por hacer que tomarte la mano fuerte y apretártela cuando la angustia me invada y me diga que soldado que arranca sirve para otra guerra. Imagino entonces que me la aprietas de vuelta, como diciéndome que estás tú ahí y que probablemente también tienes miedo, o que por lo menos sientes el mío. Y así como todo, poco a poco la tensión disminuye. Y me relajo.

De repente siento miedo. Pero recuerdo que no necesariamente soy el único.

lunes, 2 de enero de 2012

Número veinte

No tiene nombre, pero me hace feliz.
La felicidad de lo intangible, de lo indefinible, de lo totipotencial.
Esa felicidad que abraza, que parece no caber, que parece no acabar.

Te quiero. Me quieres.
Basta y sobra.